Estudiando a diversos fotógrafos a lo largo de mi carrera creció en mí el interés por capturar “el instante decisivo” pues me parecía interesante tener congelados momentos donde la fotografía trascendía a una imagen donde la realidad se distorsiona, te deja intrigado y con ganas de saber cómo se llegó a ese momento.
Fue ese sentimiento el que me impulso a tomar fotos de un lugar muy intimo e importante para mí, el pueblo de mi familia materna; Chutla de Nava, ubicado en Zihuatanejo, Guerrero.
Chutla es una comunidad pequeña, escondida entre la selva, construida de historias que con el tiempo se van entrelazando, casi tan casualmente como los arroyos que por ella pasan.
Para mí, Chutla siempre ha sido un lugar donde todos los caminos se cruzan, sin importar que dirección estén tomando nuestras vidas, con quién nos estemos acompañando, o a dónde nos dirijamos en el futuro, todos nuestros pasos convergen en nuestra casita en el pueblo, en las palapas de la playa y los caminos llenos de vida, uniéndonos, aunque sea por unos días, en familia.
Y es ahí, en ese pequeño pedazo de cielo,donde dejamos que la mágico y calmante del mar, forme en nosotros nuevos recuerdos y sane los viejos, porque, así como las olas van y vienen, la vida pasa y quienes nos acompañan físicamente, un día solo son parte de la misma arena que se revuelca en la espuma de las olas.